Como miembros de la iglesia visible y obreros en la viña del Señor, todos los que forman parte de ella, deben contribuir a conservar la paz, la armonía, y amor en la iglesia y en la sociedad dónde se haya establecido.
Recordemos la oración de Cristo: Juan 17:20-24 "Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo".
La unidad de la iglesia es la evidencia convincente que Dios la ha enviado a predicar a Jesús en el mundo como su Redentor. Es por eso, que la Iglesia fundamenta su fe y su misión en la persona de Jesucristo.
Para poder cumplir con presteza, eficacia y orden la misión que nuestro Señor Jesús ha encomendado a su Iglesia, está tiene un organigrama administrativo eficaz, para poder servir mejor a Dios, a la Iglesia y a la sociedad.
Es por eso, que ya sea a nivel Local, Nacional, División y Asociación General, tenemos directores, subdirectores, secretarios, etc., en los diferentes Departamentos – Ministerios que junto con el equipo de dirección de cada área, definen las grandes líneas de trabajo que pondrán en práctica en cada iglesia de Dios.
La vida familiar, las relaciones humanas, la estabilidad social y moral, el desarrollo de nuestras facultades, etc., son aspectos fundamentales de nuestra vida presente y futura. Es por eso, que Ministerios como el de vida familiar, Juventud, Infancia, Salud, Educación, Mujer y Evangelismo realizan un sin fin de actividades con el propósito de satisfacer las necesidades del corazón humano, demás, de preparar un pueblo para el encuentro con nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
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